Durante los últimos años se instaló con fuerza la consigna de que reducir impuestos es el camino más rápido para generar empleo y atraer inversiones.
Como principio económico puede resultar razonable: una menor carga tributaria puede aliviar costos para las empresas y estimular nuevas iniciativas privadas. sin embargo, convertir esa idea en una verdad absoluta ignora un factor determinante para cualquier economía: el consumo.
Un comercio, una pyme o una industria no sobreviven solamente porque paguen menos impuestos. necesitan vender. y para vender hace falta que haya personas con ingresos suficientes para comprar bienes y servicios. cuando los salarios pierden poder adquisitivo, las jubilaciones quedan rezagadas y el endeudamiento de las familias aumenta, el mercado interno se debilita. en ese escenario, la reducción de impuestos difícilmente compense la caída de las ventas.
La realidad que atraviesan miles de comerciantes refleja esa situación. mientras algunos municipios, como tres de febrero, destacan la apertura de nuevos locales como una señal de crecimiento económico, también existen numerosos negocios que cierran sus puertas porque ya no pueden sostener los costos fijos ante una demanda que disminuye mes tras mes. la apertura de comercios es una buena noticia, pero por sí sola no alcanza para demostrar que la economía está creciendo de manera sólida. tan importante como saber cuántos abren es conocer cuántos cierran y, sobre todo, cuántos logran mantenerse después de algunos meses de actividad.
Una economía saludable necesita inversión, reglas claras y una estructura tributaria eficiente, pero también requiere consumidores con capacidad de compra. sin demanda, incluso las empresas más eficientes terminan reduciendo producción, suspendiendo inversiones o achicando personal. la historia económica, tanto en argentina como en otros países, demuestra que el empleo sostenido surge cuando coinciden varios factores: estabilidad, inversión, crédito, consumo y expectativas positivas.
Por eso, presentar la baja de impuestos como la única solución puede resultar una simplificación excesiva. el desafío consiste en construir un equilibrio donde el estado no asfixie a quienes producen, pero al mismo tiempo existan políticas que permitan sostener el poder adquisitivo de la población. si el dinero deja de circular porque la mayoría apenas llega a fin de mes, el comercio se resiente, la industria vende menos y la economía entra en un círculo difícil de revertir.
En definitiva, la discusión no debería plantearse entre más o menos impuestos, sino sobre cómo generar un modelo económico capaz de combinar producción, inversión y consumo. porque ningún negocio vive únicamente de pagar menos impuestos. vive de tener clientes. y si cada vez hay menos personas con dinero para comprar, el problema deja de ser tributario para convertirse en una cuestión de demanda. sin consumidores, la promesa de «menos impuestos, más trabajo» corre el riesgo de quedarse en un eslogan que choca con la realidad cotidiana de comerciantes, trabajadores y pequeñas empresas.
Credito NotiDigital
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