A lo largo de la semana del 14 al 18 de octubre, a lo largo y ancho del país se desarrollaron más de 100 asambleas, con alrededor de 90 facultades y sedes tomadas en 41 universidades, con movilizaciones, cortes de calle y clases públicas que se extendieron con un creciente apoyo social. En los casos en que la policía y patotas de libertarios intentaron impedir esas acciones, la respuesta de quienes las desarrollaban no se hicieron esperar, al igual que en el terreno de los medios y de las redes sociales. Un espíritu como comunidad educativa parece levantarse sobre las sombras del ajuste, el desprecio y la crueldad de la fuerza social que se expresa a través del gobierno. Ante la ratificación del veto a la ley de financiamiento universitario, el movimiento universitario cambió sus modales e intensidad, en reclamo por presupuesto, recomposición salarial y una batería de reivindicaciones que se debaten en el curso de esta nueva etapa del movimiento. Por Leo Rodríguez para ANRed.
“Con la universidad pública no se jode”. Así decía la cabecera de la intensa movilización que se hizo en Mar del Plata este viernes para repudiar a Milei en el Coloquio de IDEA. Una enorme marcha de trabajadores y estudiante universitarios, con gran cantidad de sindicatos, organizaciones de jubilados y vecinos en general contrastó con el discurso de Milei en el foro de los más grandes empresarios locales y extranjeros, donde afirmó (con el beneplácito empresarial) que el ajuste contra el pueblo lo hizo especialmente fuerte en el verano para que “no se notara tanto”.

La postal marplatense fue un botón de muestra del clima y las acciones de la semana. Ese mismo día la ministra correspondiente al área educativa, Pettovello, fue escrachada en el aeroparque al regreso de un viaje a Jujuy, donde le gritaron “chorra, deja de ajustar las universidades” y “entrega los alimentos”, entre otras cosas. Entre las variadas marchas de la semana, otra acción que rompió el récord de protestantes fue la marcha del miércoles en La Plata, donde se calcula que 35 mil personas desfilaron durante horas, con gran apoyo popular. El lunes fue el día de mayor incertidumbre, dado que habían pasado los días del fin de semana largo y no se sabía con qué fuerza se retomaría la lucha. Ese día fue el de mayor sucesión de asambleas y tomas, si las medimos por su cantidad seguramente la mayor de la historia argentina y difícilmente igualada en otros países del mundo en alguna ocasión. Por supuesto sin quitar por ello que en términos de cuestionamiento al orden establecido el movimiento universitario fue en muchísimas ocasiones mayor, en nuestro país y fuera de él.
El estado deliberativo se dio de hecho durante toda la semana. Las clases públicas desbordaron las veredas de las tomas para extenderse por varias cuadras, ante la curiosidad de vecinos y coberturas en general positivas de la prensa. A las tradicionales asambleas estudiantiles se les sumaron numerosas asambleas interclaustro por unidad académica, además de algunas incipientes asambleas interfacultades. La tendencia a que en las asambleas intervengan asambleas barriales, jubilados y organizaciones sociales de todo tipo también fue visible.
En paralelo al notorio entusiasmo popular, sucedieron escenas de desconcierto dentro de las filas del gobierno y su base militante. Tras una importante marcha al Palacio Pizzurno, ex ministerio de educación nacional, el jueves el gobierno ordenó desalojar de urgencia a los miles de empleados que trabajan allí, arguyendo que grupos lo irían a tomar por la fuerza, mientras toda la zona se llenaba de carros de asalto. Esto sucedía mientras la ministra Bullrich afirmaba que los estudiantes preparan bombas molotov y el ministro Francos que en los setenta de las tomas se pasó a la guerrilla. Pequeños grupos de acción libertarios vienen recorriendo manifestaciones y universidades montando provocaciones, como la que quedó demostrada en la Universidad de Quilmes. Allí se vieron todo tipo de pruebas de esa provocación, pese a lo cual al día siguiente el diario Clarín tituló que grupos K atacaron a libertarios.
Pero la novedad de la semana que termina, no fue tanto el in crescendo de las provocaciones libertarias y el amedrentamiento policial a las tomas y clases públicas, sino especialmente las respuestas populares a esos ataques. Como advierte Pablo Solanas, “los hechos de los últimos días marcan un punto de inflexión ante la violencia protofascista: en cada caso las agresiones fueron respondidas y los provocadores terminaron retrocediendo”.

De todas maneras, es muy difícil contabilizar si estas acciones se dan de esta manera en todos los casos, dado el alcance nacional de las mismas, produciéndose por decenas. En algunos casos la violencia represiva empieza a ser ejercida por fuerzas del régimen que son parte de las universidades. En San Luis, la Franja Morada intentó desalojar la toma de la sede de Villa Mercedes por la fuerza. En Artes de La Plata, la gestión ordenó a los trabajadores no docentes cerrar las puertas con llave con estudiantes adentro (dado que la gran mayoría estaban en la marcha). En Psicología UBA gente de civil entró a cerrar el agua de toda la sede mientras seguía la toma. En otras facultades las amenazas externas e internas hicieron dudar a los participantes en las asambleas acerca de si votar las tomas.
Tercera semana tras el veto de Milei y la nueva etapa de lucha
Este sábado y domingo muchos universitarios recuperan fuerzas de cara a una nueva semana de lucha, mientras el activismo estudiantil y docente se aboca a febriles reuniones de debate y organización en cada una de las corrientes y también en el marco de las asambleas que tienen un carácter más permanente, con comisiones de trabajo o de lucha.
La iniciativa desde abajo que afloró a partir del veto del 2 de octubre, dio un soplo de aire fresco a un movimiento que se había dado hasta ese día una estrategia que acababa de fracasar en su intento de recomponer el presupuesto, los salarios, las becas, la investigación. Si bien el frente sindical nacional y el CIN (los rectores) intentaron seguir sujetos a los tiempos del parlamento, esto fue claramente pasado a un segundo plano. Esas iniciativas desde abajo revitalizaron el movimiento y al mismo tiempo generaron una forma muy heterogénea del mismo. Asambleas y tomas de todo tipo, con poca coordinación entre sí, produjeron una fuera nueva pero que corre riesgo de disiparse en caso de no encontrar formas de golpear juntos y de acumulación de ese nuevo poder en construcción.
Para esta semana que entra, CONADUH llama a un paro de cinco días, con acciones de visibilización, sin mayor indicación por el momento. En el caso de CONADU un paro de dos días, en el cao de CABA planteando clases pública frente al Congreso el miércoles. El resto de los sindicatos nacionales reclaman seguir actuando todos juntos, con acciones muy esporádicas. Y finalmente las dos CONADUs harán un plenario conjunto por unificación, en el marco de la buscada unificación de las dos CTAs.
Para esta semana no luce como un ascenso o profundización de la lucha
La profundización o no dependerá de las iniciativas desde abajo, nuevamente. Los debates planteados allí se dan sobre la capacidad de ir centralizando acciones desde asambleas y gremios de base y sobre la coordinación que puedan establecer para ello entre sí.
En el caso de la UBA, AGD como gremio de base definió en su asamblea hacer clases públicas centralizadas en la Plaza de Mayo el 22 de octubre. A esa acción se están sumando otras universidades y sectores. En algunos casos con clases públicas y en otros con marchas que podrían confluir en la misma plaza. En el caso de Córdoba se plantea una marcha federal educativa ese día en el centro urbano de esa ciudad. Nuevamente esta semana será incierta en su desarrollo. ¿Crecerá la coordinación desde abajo? ¿Los sindicatos de alcance nacional se volverán más permeables al empuje desde abajo? Y todo ello nos lleva al último debate, la posibilidad de hacer una tercera marcha nacional universitaria, más concentrada en Buenos Aires que pueda conquistar repuestas inmediatas para las reivindicaciones más básicas, como es el recomponer salarios por encima de la línea de pobreza e incluso de indigencia. Y fondos para becas, comedor, investigación. De no conseguirse, será difícil pasar el verano y podría producirse una nueva “fuga de cerebros” como pasó en la dictadura de Onganía y Lanusse, más una “fuga de docentes” que en muchas facultades ya empezó.



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