Mientras la diputada nacional por La Libertad Avanza Juliana Santillán sostiene que la Canasta Básica Total es de 360 mil pesos, la realidad es que un senador nacional pasará a cobrar en bruto por encima de los $9.500.000. Eso solo para entender el desfasaje que tiene de la realidad la clase política.

Lo cierto es que ser senador nacional tiene tantos beneficios y privilegios como pocos pudieron gozar en su vida. Sueldazos, viajes, vehículos oficiales, choferes, asesores, viáticos, incentivos e incluso el hecho de poder faltar a sus labores sin rendir explicaciones.
Tal como reveló Tribuna de Periodistas, el Senado Nacional cuenta con 72 vehículos oficiales, con choferes y hay incluso senadores que tienen PyMEs en sus despachos, llegando a alcanzar un máximo de 41 asesores.
Todo eso es dinero que se desprende del bolsillo del contribuyente, ese que está viendo en el último tiempo una caída del poder adquisitivo a razón de los ajustes paritarios del Gobierno Nacional que llegó a entrometerse en un acuerdo entre privados para que el aumento salarial no supere el 1%, es decir, que pierda contra la inflación.
Es necesario para entender la magnitud de los descripto analizar ciertos números de forma objetiva. Durante 2024, el Senado destino 130 mil millones en el personal permanentes y otros 16 mil millones en el temporario.
Si a esos dos ítems se le suman los viáticos y pasajes con los que gozan los senadores, que totalizan un inquietante 5.400 millones de pesos, casi se llega a la totalidad de lo destinado por la Cámara alta del Congreso a su funcionamiento, cuyo monto se acerca a los 160 mil millones de pesos.
Si se divide el total de lo utilizado por la cantidad de senadores, donde también pueden verse ítems como publicidad y propaganda, bienes de uso y hasta asistencia al personal, cada legislador de la Cámara alta cuesta al contribuyente argentino más de 2 mil millones de pesos anuales.

A ello cabe sumar otro privilegio con el que cuentan los senadores nacionales, y es que el Congreso cubre los costos de viajes a sus provincias de origen cuando en la dieta de por sí reciben un ítem por desarraigo que tiene que ver, justamente, con sus viajes a la Ciudad de Buenos Aires.














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