Por Alfredo Silletta
El llamado “círculo rojo”, con nombres pesados como Paolo Rocca a la cabeza, empezó a mostrar señales claras de inquietud. Mientras observan cómo el presidente Javier Milei pierde sustento político y su programa económico hace agua, ya trabajan en un doble objetivo: sostener una alternativa de derecha —con Patricia Bullrich como carta visible— y, sobre todo, frenar el crecimiento de Axel Kicillof.
La preocupación no es menor. En despachos empresariales y mesas de poder empiezan a admitir que Kicillof logró algo que parecía difícil: consolidarse como el dirigente con mayor proyección dentro del peronismo, con capacidad de ampliar su base política y disputar sentido frente al modelo libertario. Ese escenario enciende alarmas en sectores que ven peligrar no solo un rumbo económico, sino también su influencia directa en la toma de decisiones. En un reciente trabajo de Roberto Bacman del CEOP LATAN, el gobernador encabeza el rating de dirigentes con un 47,7% de imagen positiva sobre un 34,5% de Javier Milei y un 36,4% de Patricia Bullrich.
Por eso, la estrategia no es una sola. Además de apuntalar figuras propias, buscan “contaminar” el escenario peronista con candidatos de perfil conservador que le resten volumen electoral al gobernador bonaerense. En ese marco aparece el nombre del pastor evangélico Dante Gebel, un outsider que desde Estados Unidos ya dejó trascender su intención de competir por la presidencia. En las últimas horas mantuvo contactos con la CGT, el gobernador Martín Llaryora y otros dirigentes cercanos a sectores más tradicionales del peronismo.
Mientras tanto, Kicillof juega otro partido. Recién llegado de encuentros internacionales con líderes como Luiz Inácio Lula da Silva y Gustavo Petro, el gobernador profundiza la construcción de un programa nacional con eje en la producción, la educación y la inclusión. En Avellaneda, durante el lanzamiento del primer encuentro sobre Educación, dejó una definición que marca el rumbo: “No hay libertad sin justicia social, y no hay justicia social sin un Estado eficaz y eficiente”.
Lejos de entrar en la lógica de la confrontación vacía, Kicillof apuesta a consolidar una narrativa de futuro: defensa de la educación pública y la salud, desarrollo industrial y un Estado presente. “No alcanza con resistir —planteó—, estamos para construir un horizonte distinto”.
En paralelo, el gobernador avanza en el control político del territorio. Hoy viernes encabezará la primera reunión del Consejo del Partido Justicialista bonaerense, que quedó bajo su conducción tras un acuerdo de unidad. La estructura partidaria se reordena con nombres clave: Máximo Kirchner pasará al Congreso partidario, mientras Verónica Magario, Federico Otermín, Mariano Cascallares y Julio Alak ocuparán roles centrales en la nueva etapa.
La foto es clara: mientras la derecha busca desesperadamente un plan B y hasta infiltrar el peronismo con candidatos “amigables”, Kicillof ordena, crece y empieza a perfilar un proyecto competitivo.
El dato que más inquieta al poder económico no es solo que Milei se desgaste: es que, en ese vacío, empieza a aparecer un liderazgo con volumen político, gestión y discurso propio. Y cuando el círculo rojo entra en pánico… suele ser porque alguien está tocando intereses de verdad.
Las opiniones y análisis expresados en este artículo pueden no coincidir con las de la redacción de UDR Noticias. Intentamos fomentar el intercambio de posturas, reflejando la realidad desde distintos ángulos, con la confianza de aportar así al debate popular y académico de ideas. Las mismas deben ser tomadas siempre con sentido crítico



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