El presidente Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más delicados. Encerrado en una lógica de sospechas permanentes, ve traidores e intrigas por todos lados. Más allá de la defensa pública a su jefe de Gabinete, el mandatario no dudó en lanzar una amenaza directa hacia adentro de su propio gobierno: “Antes de que se vaya Manuel, se van a tener que ir todos los ministros”. La frase, según relató el periodista Marcelo Bonelli, fue repetida a varios funcionarios que intentaron dialogar con el Presidente.
La escena retrata a un gobierno atravesado por la tensión y el temor interno. Un presidente cada vez más aislado, que responde con amenazas antes que con conducción política. En ese contexto, la única dirigente con peso propio para discutirle algo dentro del oficialismo parece ser Patricia Bullrich, que conserva capital político propio y mantiene intactas sus aspiraciones presidenciales para el próximo turno electoral.
Mientras tanto, siguen apareciendo datos comprometedores alrededor de Manuel Adorni. Compras millonarias de muebles por 14 mil dólares para un departamento en Caballito y la adquisición de un moderno grupo electrógeno a gas en Indio Cuá por otros 15 mil dólares alimentan las sospechas y el malestar. En paralelo, el jefe de Gabinete volvió a mostrarse en el streaming de Alejandro Fantino con un discurso defensivo y cargado de victimización.
Con la excusa de no “obstruir a la Justicia”, evitó dar explicaciones públicas sobre su patrimonio, aunque omitió mencionar las denuncias sobre presiones al testigo Matías Tabar antes de su declaración judicial. En un reportaje deslucido y sin definiciones concretas, dejó frases que reflejan más preocupación que fortaleza política:
- “No voy a hablar porque puedo obstruir la Justicia y no me importa la carnicería que se haya hecho”.
- “Se va a aclarar todo y, una vez que eso suceda, ahí sí voy a hablar. Y voy a hablar mucho”.
- “Javier sabe la verdad. Me emociona y me impacta el apoyo, desde lo humano hasta en lo espiritual”.
- “Él jamás ejecutaría a una persona que considera honesta, decente y leal”.
Otro escándalo golpea al círculo presidencial
Como si el clima interno no fuera suficiente, otro hombre cercano al Presidente quedó bajo la lupa judicial. El fiscal federal Ramiro González imputó a Demian Reidel, ex titular de Nucleoeléctrica Argentina S.A., y pidió investigar gastos realizados con tarjetas corporativas que incluyen pagos en discotecas de Madrid, servicios de playa en Valencia, peluquerías, free shops, hoteles de lujo y restaurantes en distintas partes del mundo.
La causa investiga posibles delitos de administración fraudulenta, malversación de fondos públicos, negociaciones incompatibles con la función pública e incumplimiento de deberes de funcionario. El juez Daniel Rafecas analiza movimientos por más de 313 mil dólares en consumos considerados “ajenos al objeto social” de la empresa estatal.
Entre los gastos aparecen compras en free shops, ropa deportiva de marcas internacionales, estadías en hoteles cinco estrellas en ciudades como San Francisco, Viena, Miami y Singapur, consumos en bares de Madrid y hasta adelantos en efectivo por más de 60 millones de pesos.
Un gobierno acorralado por sus propias contradicciones
El relato libertario que prometía terminar con “la casta” empieza a hundirse bajo el peso de sus propias prácticas. Mientras el ajuste golpea a jubilados, trabajadores y sectores medios, alrededor del poder aparecen compras suntuosas, gastos injustificables y amenazas internas que muestran un oficialismo cada vez más nervioso y desordenado.
El problema para Milei ya no es solo la oposición. El verdadero temor parece empezar puertas adentro, donde crecen las disputas, las sospechas y la sensación de que el experimento libertario entró en una etapa de desgaste acelerado con un presidente que en vez de gestionar amenaza a sus propios ministros.
Las opiniones y análisis expresados en este artículo pueden no coincidir con las de la redacción de UDR Noticias. Intentamos fomentar el intercambio de posturas, reflejando la realidad desde distintos ángulos, con la confianza de aportar así al debate popular y académico de ideas. Las mismas deben ser tomadas siempre con sentido crítico














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