Cientos de miles inundaron las plazas del país, ante un gobierno que insiste en golpear a la universidad pública y gratuita. Por Leandro Rodríguez Lupo, secretario adjunto de AGDUBA.
“La universidad pública, base de la democracia y el desarrollo social, lucha por su supervivencia”. Así se titula el documento leído en el acto central de la Marcha Federal Universitaria, en la Plaza del Congreso. Un título que resumió bien el sentir de la jornada. Centenares de miles de docentes y no docentes, estudiantes, jubilados, trabajadores, desbordaron las calles y plazas por segunda vez en el año a lo largo del país, reafirmando su decisión de luchar por un presupuesto digno, que permita una universidad realmente inclusiva y alcance para recomponer la pérdida salarial de sus trabajadores y la capacidad de investigar y producir en pos de una sociedad en desarrollo.

Ante ello las amenazas y agravios del gobierno lucen aisladas e impotentes. Al mejor estilo Trump y Bolsonaro, el gobierno llama golpistas, terroristas, falsos docentes, estudiantes vagos y crónicos, entre otros epítetos sin asidero, a los manifestantes, sin lograr con ello detener la marcha ni evitar que muchos medios y periodistas se le vuelquen en contra.
Y, sin embargo, a más de cinco meses de la marcha del millón del 23 de abril, los salarios siguen estando en niveles que van de la pobreza (1 millón de pesos) a la indigencia (500 mil pesos) y el área de investigación, extensión, ciencia y tecnología siguen hundidos en un pantano que impide producir y crear.
A las 21 horas, apenas tres horas después del acto de este miércoles 2 de octubre, Milei ratifica que vetará la Ley de financiamiento universitario que ordena recomponer retroactivamente lo perdido. El argumento de que “no hay propuesta de dónde sacar fondos para que esta recomposición no altere el equilibrio fiscal” es un hito más en la cadena de falsedades del presidente. El bloque del FITU, Lousteau, diputados peronistas y los diversos gremios han enunciado, más allá de diferencias, que con la quita de las rebajas de impuestos que Milei dio a los sectores más ricos alcanzaría para esa recomposición.

Pero hay una gran pregunta que queda sin contestar: ¿cómo es que la mayor parte de la sociedad está de acuerdo en recomponer el presupuesto universitario y sin embargo todo sigue igual, excepto los fondos adicionales para cubrir gastos básicos como la energía? ¿Seguirá la misma impotencia tras esta nueva marcha multitudinaria?
Para ir encontrando respuestas a estas preguntas claves, debemos mirar en profundidad las marchas (en CABA y en todas las provincias del país) de este 2 de octubre.

¿Quién conduce la protesta?
El acto y el documento que nombramos al principio son fruto de un acuerdo entre el frente nacional sindical universitario (gremios docentes y no docentes), la FUA (federación estudiantil) y el CIN (consejo de rectores), donde éste lleva la voz cantante. El CIN, de amplia mayoría radical y peronista conservadora, se subió a último momento a la marcha del 23 de abril, para una vez concluida lograr dilatar todas las medidas de fuerza hasta agosto, pese a la muy escasa respuesta gubernamental. En agosto la docencia empujó por un “no inicio” de las clases a las conducciones de sus federaciones, tanto de la CGT como de la CTA de los trabajadores y de la CTA autónoma. El no inicio fue un éxito y amenazaba profundizarse en una huelga por tiempo indeterminado, como en el 2018.
En ese momento el CIN advirtió que se bajaría de la protesta si la huelga continuaba, a lo que las conducciones gremiales decidieron frenar el paro, manipulando para ello consultas y votaciones delegadas. Al mismo tiempo, la política mediatizada y parlamentaria trasladaban la atención a la votación favorable en ambas cámaras a la Ley de financiamiento universitario y la amenaza de veto de Milei.
Esta preponderancia del CIN y las fuerzas políticas que lo dirigen, se explica no sólo por el hecho de que son parte de una fuerza históricamente dominante en nuestro país, con lazos orgánicos con empresarios e instituciones de todo tipo, sino que se explica también por la debilidad de docentes y estudiantes para organizarse por sí mimos para resolver sus problemas.
En todo caso pasaron más de cinco meses de miseria y degradación científica universitaria docente estudiantil. ¿Qué respuesta habrá ahora al veto? ¿Otra marcha?
El aumento de la bronca docente puede devenir en un movimiento de lucha permanente, con algún tipo de huelga activa de la que sea parte el movimiento estudiantil y organizaciones sociales, como ya se debate en asociaciones de base como AGD UBA y otras. Un movimiento que seguramente no será impulsado por las conducciones actuales de la protesta, conducciones que son parte de las tradiciones políticas en crisis profunda.
Un veto de Milei da paso en primer lugar a un último intento del movimiento actual por reforzarse dentro de su propia lógica: buscar los dos tercios la semana próxima para rechazar el veto presidencial. Pero de ratificarse el veto, debieran resignarse ante estas reglas de juego, como dijo Máximo Kirchner la semana pasada: “dejar de patalear”. O bien elevar los métodos de lucha sin ceñirse a esas reglas de juego, para lo que debiera haber un empuje desde abajo y una nueva conducción.
Este 2 de octubre ha mostrado, una vez más, que la ciencia no es un terreno propicio para el gobierno libertario. Habrá que ver si la lucha sobre ella tampoco lo es.
Por ANRed














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