Por Alfredo Silletta

Karina Milei cree haber encontrado la bala de plata para disciplinar a la provincia de Buenos Aires: una reforma constitucional hecha a medida para debilitar al peronismo y recortar derechos. La hermana del presidente acordó con Javier Milei y su círculo íntimo avanzar en un proyecto que, bajo el disfraz de “terminar con los privilegios”, apunta a cambiar las reglas de juego en el principal distrito del país, donde Axel Kicillof le ganó a La Libertad Avanza con el 47,57% contra el 36,9% en septiembre pasado y luego empató en las elecciones de octubre.
La orden fue clara: silencio absoluto hasta que el texto esté cerrado y bendecido por el Presidente. La estrategia no es jurídica, es política: instalar el debate de la reforma para tensionar con el peronismo en la previa electoral y vender el verso de que para acabar con “la casta” hay que meter mano en la Constitución bonaerense.
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No es un dato menor: la provincia de Buenos Aires concentra cerca del 40% de la población y del PBI nacional. Además, Kicillof —posible candidato presidencial del peronismo en 2027— es el único dirigente que hoy le gana a Milei en territorio bonaerense, aun después de dos años de asfixia financiera deliberada desde la Casa Rosada, recortando fondos para seguridad, educación y salud.
Boleta Única: perder en el recinto, ganar en los medios
En La Libertad Avanza ya decidieron volver a la carga con la Boleta Única de Papel durante este año. Saben que no tienen los votos para aprobarla en la Legislatura bonaerense, pero el plan es otro: perder en el recinto y ganar el debate mediático, con el respaldo de los medios hegemónicos que orbitan alrededor de la billetera oficial.

Los puntos centrales de la reforma: menos Estado, menos derechos
Detrás del discurso anticasta, el proyecto libertario es brutal:
- Eliminar el sistema bicameral (92 diputados y 46 senadores) para imponer una Legislatura unicameral. El slogan será “ahorrar”, la realidad es concentrar poder y debilitar controles.
- Blindaje absoluto de la propiedad privada, pese a que ya está garantizada por la Constitución Nacional y provincial. Traducción: prohibir expropiaciones y reducir la presión fiscal sobre los más ricos.
- Legítima defensa explícita en la Constitución, habilitando de hecho la portación y uso de armas. Más armas, menos Estado, más violencia.
- Eliminar las policías comunales para “ahorrar costos”, concentrando el mando. Menos presencia territorial, más inseguridad, aunque el relato diga lo contrario.
- Limitar o prohibir el endeudamiento provincial, con una amnesia selectiva: fue María Eugenia Vidal, no el peronismo, quien endeudó a la provincia en dólares.
- “Modernización del Estado”, eufemismo clásico para recortar presupuesto en regiones sanitarias, educación pública, delegaciones policiales y obra pública.
- Avanzar contra IOMA, la obra social bonaerense que sostiene la atención de millones de personas. Sin IOMA, no hay sistema hospitalario que aguante. Pero para los libertarios “gasta mucho”.
- Eliminar el Ministerio de las Mujeres, el INADI bonaerense, la política cultural y el incipiente INCAA provincial. Cultura y derechos, para ellos, son “gastos inútiles”. “Si quieren películas o recitales, que los paguen los privados”.
- Achicar la Justicia, aumentar penas y reducir presupuesto. Mano dura sin recursos: el combo perfecto para el caos.
- Redibujar el mapa municipal: dividir La Matanza, bastión del peronismo, y fusionar municipios chicos del interior. No es eficiencia: es ingeniería electoral.
No es tan fácil como creen
A pesar del delirio refundacional de los hermanos Milei, reformar la Constitución bonaerense no es soplar y hacer botellas. Se necesitan dos tercios de la Legislatura para convocar a la reforma y luego la ratificación popular.
La historia les juega en contra. En 1990, el peronismo de Antonio Cafiero y el radicalismo llamaron a una consulta popular para modernizar la Constitución y fueron aplastados: el No sacó 67,28%. En 1994, Eduardo Duhalde logró la reforma al calor del acuerdo Menem–Alfonsín, pero en un contexto político muy distinto.
Hoy, con un gobierno nacional que ajusta, reprime y desprecia a la provincia, no parece el mejor clima para convencer a los bonaerenses de que pierdan derechos.
Karina Milei no quiere modernizar nada: quiere un Estado chico para los pobres y un paraíso para los ricos. La reforma constitucional libertaria no es contra la casta, es contra Buenos Aires. Pero la historia ya demostró algo: cuando tocan los derechos del pueblo, la respuesta no tarda en llegar.
Las opiniones y análisis expresados en este artículo pueden no coincidir con las de la redacción de UDR Noticias. Intentamos fomentar el intercambio de posturas, reflejando la realidad desde distintos ángulos, con la confianza de aportar así al debate popular y académico de ideas. Las mismas deben ser tomadas siempre con sentido crítico



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