A partir de los dichos de Mieli en Davos, el gobierno convirtió a la comunidad LGTBIQ+ en un nuevo enemigo interno. Ante un negacionismo creciente en los discursos oficiales sobre el genocidio de la última dictadura cívico, militar y eclesial, los legajos de la ex Dirección de Inteligencia de la Bonaerense nos permiten ver las continuidades de la persecución a los colectivos organizados que luchan contra el neoliberalismo, y también de las personas cuir en todos los tiempos. Mirar el pasado para entender el presente de un fascismo que no tiene nada de nuevo. Por Cristian Prieto para ANRed
La asociación de lo puto con lo subversivo es una asociación que siempre fue muy útil para la desacreditación de las personas en cualquier momento histórico. No importa si lo fueron o no, lo que interesó siempre fue que quede en el inconsciente colectivo que esa persona fuera un amoral sexual. La Moralidad fue la categoría con que se persiguieron a militantes y personas que pusieron el statu quo en crisis en todas las dictaduras militares del Cono Sur. Y el calificativo de “sexual” en los legajos policiales de la ex DIPPBA (Inteligencia de la Policía Bonaerense), fue la diferenciación para perseguir a los homosexuales.
Mientras intentaba seguir las noticias en pleno febrero por FM Alas, radio comunitaria de El Bolsón, a partir de los incendios desbastadores en la Comarca Andina, escuchaba a una vecina relatando la organización colectiva: ellas, mujeres y personas de la disidencia sexual estaban en todos los puntos de conflicto. Y ahí me puse a pensar en las maricas que durante más de quince años realizaron el Festival de la diversidad en el Bolsón. Les escribí para preguntarles cómo estaban, qué necesitaban y todas ellas estaban en las brigadas de ayuda. Y ahí recordé nuestra frase hecha lema de que estamos y estuvimos siempre en todos lados.

Me pregunto qué dirán hoy de nosotres en sus comunicaciones internas las fuerzas de seguridad y en sus informes de inteligencia: la puta que está en la brigada ayudando a apagar los incendios o el puto que lleva agua a las viviendas. O la “actitud sospechosa” como sucedió en las denuncias hacia lxs brigadistxs de El Bolsón.
Luego busqué la noticia de cuando intentaron quemar esa radio, y cuando la encontré, vi la amenaza que recibieron en aquella oportunidad: “tengan cuidado que se les puede quemar esa puta radio puto”. Esta amenaza les llegó en el año 2016, luego de las transmisiones que habían realizado de la audiencia pública por el loteo de tierras en el Cerro Perito Moreno. Nuevamente el calificativo puta y puto, en este caso utilizado para amedrentar a activistas de una radio alternativa.
Hay una hipótesis del activista marica del Paraguay, Erwing Szokol, quien recopilara del periódico “El País” la historia del primer asesinato de un homosexual en el año 1959 durante la dictadura de Stroessner. A partir del cual se conociera ampliamente la figura del 108 (homosexual). El abogade afirma que, para las fuerzas de seguridad de su país, la persecución era hacia las maricas que pusieran en riesgo la normalidad dictatorial, no para todas, ya que en el caso paraguayo hubo homosexuales cercanos al poder, que nunca fueron tocados por las políticas de criminalización y persecución por orientación sexual.
¿Para qué nos sirve mirar atrás?
Los archivos de la inteligencia de la bonaerense nos dieron una importante información sobre el accionar de todas las fuerzas de seguridad en varias épocas de la historia. Desde el año 1962 hasta el año 1982 existió la Comisión Asesora de Antecedentes (CCA) que era una reunión mensual donde se juntaban representantes de las direcciones de inteligencia de varias Fuerzas de seguridad. Formaban parte la SIDE, (Servicio de Inteligencia del Estado), SIE (Servicio de Inteligencia del Ejército), el SIN (Servicio de Inteligencia Naval), SIGN (Servicio de Inteligencia de Gendarmería Nacional), SIPNA (Servicio de Inteligencia de Prefectura Naval Argentina), SIA (Servicio de inteligencia Aeronáutica), SF (Seguridad Federal) y la DIPBA (Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires).
Esto fue en el pasado, pero sabemos que, en momentos críticos de mucha conflictividad social, las fuerzas de seguridad suelen ser quienes ponen los límites a la protesta social y más aún, cuando desde el propio jefe de estado, anuncia cuáles son los derechos que se les sacarán a algunos colectivos, habrá que prepararse para un nuevo momento social y político de resistencia, en defensa del territorio y de nuestras identidades.
En un caso emblemático de persecución desde la inteligencia de la ex DIPPBA, a un grupo de homosexuales de la ciudad de Bahía Blanca en plena dictadura militar, hubo una interacción bien aceitada por parte de la Prefectura Naval y la policía bonaerense. Prefectura tenía las fichas de las personas consideradas “homosexuales” y confirmaba en sus propios legajos que en la DIPPBA central (La Plata) también “estaban catalogados como homosexuales”. No sólo tenían sus fotografías, sino que también sabían de los contactos personales que ese grupo tenía. Imagínense hoy con toda nuestra información en las redes sociales, con nuestros dispositivos que permanentemente están grabando nuestras conversaciones y con la ubicación en tiempo real, nos queda un verdadero desafío hacia adelante sobre las nuevas formas de resistencia ante este embate del neocapitalismo ecocida y digital. Nos queda la discusión del doble juego de la visibilidad: hasta dónde nos mostramos para no quedarnos solxs y aisladxs, y en qué acciones dejamos de usar las tecnologías del poder.
El arribo de Patricia Bullrich a la ciudad de Mar del Plata llegó con el anuncio de la incorporación de las tres fuerzas federales a la ciudad: Gendarmería Nacional, Prefectura Naval y la Policía Federal. Esto se dio también en una abierta interna con el gobierno provincial, donde Axel Kicillof tuvo que separar a cinco integrantes de la bonaerense por un caso de gatillo fácil. Recordemos que Mar del Plata es una de las ciudades que ha vuelto hacia atrás con la legislación municipal, ya que ha vuelto a perseguir a las trabajadoras sexuales (Ordenanza 25.540), expulsándolas hacia la zona del cementerio municipal. Con las excusas de la ola la violencia se hizo el anuncio por parte del intendente Guillermo Montenegro sobre la utilización de “pistolas especiales” que dijo son “muy efectivas para las ciudades que tienen masividad de gente”. Acompañado de este anuncio la ministra de seguridad dio a conocer el plan 90/10 el cual dotará a la ciudad de “una tarea de planificación e identificación de bandas” que estarían operando en la ciudad donde tendría una “parte de inteligencia e investigación que ya se estaría haciendo”. Es decir, literalmente la ciudad está militarizada.
Todo esto en un clima represivo hacia las disidencias sexuales organizadas, y hacia todos los colectivos de activistas que se organizan en la ciudad. El 4 de marzo pasado, se realizó el 39 atlanticazo, una movilización social que reunió -en pleno comienzo del verano del 2022- a miles de personas para manifestarse en contra de la instalación de petroleras frente a la costa de Mar del Plata, un grito desde el Atlántico que frenó durante dos años la exploración petrolera por parte de empresa estatal Equinor.
Nada de esto es auspicioso para quiénes estamos quedando en la línea del enemigo a perseguir. Las trabajadoras sexuales, por un lado. Los trabajadores super pauperizados que hacen sus changas en la temporada, mientras el intendente marplatense los muestra en sus redes sociales siendo expulsados por medio de la policía local. Y los trabajadorxs fileteros, peones y envasadoras, que fueron reprimidxs el día de San Valentín por parte de la Prefectura Naval en el Puerto de Mar del Plata. Y en el sur, los y las pobladoras haciendo hasta lo imposible para no perderlo todo. Y un aparato represivo aceitado desde el gobierno de Mauricio Macri, cuando fuera asesinado Santiago Maldonado.
Por eso hablar en este mes de marzo de las memorias LGBTIQ+ no es sólo hablar del pasado, de las injusticias de quiénes nunca hemos estado en los grandes escenarios de los Derechos Humanos, ni siquiera en un porcentaje del dinero destinado a los trabajos de memorias. Es hablar del presente, es hablar sobre el aparato represivo y de quiénes somos nuevamente conformados como el enemigo interno.

Pedofilia y pederastia en la inteligencia bonaerense
Una de las contribuciones en los hallazgos que encontré en los legajos de la ex DIPPBA, fue ver la denominación de pederastia hacia los homosexuales. Allí por un lado se indica al “pederasta pasivo” y al “pederasta activo”. Esta catalogación está íntimamente homologada a las categorías delictivas del siglo XIX, y la dirección de inteligencia las asimiló en sus diferentes códigos cifrados (comunicaciones secretas mantenidas exclusivamente por personal jerárquico) para llevar adelante su actividad de inteligencia. Entonces las informaciones sobre las personas en relación con esta conducta iban a ser relevantes.
Pero la compleja estructura de catalogación, persecución y criminalización va a necesitar excusas para llevar adelante su cometido. El homosexual era considerado un enfermo, eso ya lo sabemos. Pero para criminalizarlo y perseguirlo era necesario un sustento: y aquí viene la psiquiatría a decirnos que la pedofilia es una desviación psicológica y la pederastia sería el delito que había que perseguir. Entonces ya no importa si le llamamos homosexual o pederasta (hoy podríamos decir pedófilo y homosexual). La idea es que se sepa que no queremos homosexuales y que además serlo, es un crimen.
Pero si hablamos de moralidad de las personas en todas las épocas de actuación de esta fuerza, van a utilizar un concepto que englobe a todas las (a) moralidades sexuales, bajo la conducta de “amoral sexual”. El o la “amoral sexual” va a ser el homosexual, el pederasta, la “mujer hombruna” o la mujer de conducta lesbiana, el amanerado o los actos travestis, según la época o el agente de inteligencia que escriba el informe.
Por eso el presidente de la nación no se equivocó en Davos, no mandó mensajes erróneos en su discurso. Tiene muy claro qué es lo que dijo y lo que quería decir. Así como la Dirección de inteligencia detectaba a los amorales sexuales, hoy se nos sentencia desde la misma democracia que supimos conseguir como los chivos expiatorios para arrasar con nuestras existencias.



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