Hay frases que, tomadas de manera aislada, resultan difíciles de discutir. Sostener que las escuelas deben ser espacios de formación, pensamiento crítico y convivencia, alejadas de cualquier utilización partidaria, parece un principio compartido por la enorme mayoría de la sociedad.
El problema aparece cuando quienes levantan esa bandera olvidan revisar su propio pasado.
En los últimos días, Diego Valenzuela volvió a cuestionar actividades desarrolladas en una escuela pública, asegurando que los establecimientos educativos no deben convertirse en escenarios de «fanatismos partidarios». El planteo podría abrir un debate legítimo sobre los límites entre educación y política. Sin embargo, para que ese debate tenga credibilidad, exige un requisito indispensable: la coherencia.
La política tiene una particularidad. Todo queda registrado. Las declaraciones, las fotografías, los videos y las decisiones de gestión permanecen mucho después de que termina un mandato. Por eso, cuando un dirigente adopta una posición tan categórica, inevitablemente sus propias acciones vuelven al centro de la escena.
Durante la pandemia, cuando el país discutía cómo y cuándo retomar las clases presenciales, el entonces intendente de Tres de Febrero encabezó una actividad con estudiantes en el Instituto Niño Jesús de Santos Lugares para presentar su postura sobre la reapertura de las escuelas. Aquella imagen generó un fuerte debate porque se desarrolló en un contexto de restricciones sanitarias y porque muchos interpretaron que un establecimiento educativo estaba siendo utilizado para respaldar una posición política en medio de una discusión nacional.
La repercusión fue tal que la propia Junta Regional de Educación Católica debió emitir un comunicado aclarando que no había participado de la organización del encuentro y tomando distancia de lo ocurrido. No fue una polémica menor ni una interpretación interesada de la oposición. Fueron las propias autoridades educativas quienes sintieron la necesidad de explicar públicamente la situación.
Ese antecedente vuelve inevitable una pregunta: ¿el problema es la utilización política de las escuelas o depende de quién la lleve adelante?
Porque si el criterio es que ningún dirigente debe convertir una institución educativa en escenario de una disputa política, entonces ese principio debe aplicarse siempre. No puede ser correcto cuando favorece a un determinado espacio e incorrecto cuando beneficia a otro.
La coherencia no consiste en decir lo mismo cuando se está en la oposición. Consiste en sostener los mismos valores cuando se ejerce el poder.
Y esa es, quizás, una de las principales deudas de buena parte de la dirigencia política argentina.
Con demasiada frecuencia se condenan prácticas que antes se defendían o se justifican conductas que anteriormente se criticaban. Lo que cambia no suele ser el principio, sino el lugar desde donde se habla.
Las escuelas merecen estar por encima de esas disputas.
Son espacios donde niños, niñas y adolescentes deben aprender a pensar por sí mismos, a convivir con quienes tienen ideas diferentes y a ejercer una ciudadanía crítica. Eso implica, entre otras cosas, que tampoco sean utilizadas como escenario para construir posicionamientos políticos personales.
Pero esa defensa pierde fuerza cuando quienes la enarbolan no aplican la misma vara sobre su propia historia.
En política, la memoria suele ser un obstáculo para los discursos oportunistas. Los archivos existen, las imágenes permanecen y los antecedentes reaparecen cuando menos se los espera.
Por eso, antes de señalar con el dedo a los demás, siempre conviene mirar el propio recorrido.
No para impedir el debate, sino para enriquecerlo desde la honestidad.
Porque las sociedades necesitan dirigentes capaces de sostener convicciones, no de acomodarlas según la conveniencia del momento.
Y cuando los hechos contradicen los discursos, la credibilidad comienza a erosionarse.
Al final, no son las palabras las que construyen autoridad.
Son las conductas.
Por Claudio Gambale
Las opiniones y análisis expresados en este artículo pueden no coincidir con las de la redacción de UDR Noticias. Intentamos fomentar el intercambio de posturas, reflejando la realidad desde distintos ángulos, con la confianza de aportar así al debate popular y académico de ideas. Las mismas deben ser tomadas siempre con sentido crítico














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