Cuando la neblina baja demasiado, parece que todo se pierde en el gris de la incertidumbre. Para algunos, ese clima resulta ideal para pasar desapercibidos o volar bajo radar. Algo de eso parece haber ocurrido con el exintendente de Tres de Febrero, Diego Valenzuela.
Tras haber sido electo senador provincial por la Primera Sección Electoral, Valenzuela pasó meses de licencia antes de retomar efectivamente su banca en marzo de este año. Todo indica que las expectativas de desembarcar en un cargo nacional nunca terminaron de concretarse y, ante ese escenario, regresó a la Legislatura bonaerense.
La situación deja expuesta una de las grandes contradicciones de quienes construyeron su discurso alrededor de la lucha contra la «casta». Quienes todos los días hablan de terminar con los privilegios de la política tradicional terminan, muchas veces, aferrándose a los cargos públicos con la misma intensidad que aquellos a quienes critican.
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Mientras se propone reducir el Estado a su mínima expresión, muchos de sus dirigentes parecen no tener intención alguna de abandonar los beneficios que ofrece la función pública. El mensaje es claro: el problema no sería la política como forma de vida, sino quién ocupa los cargos.
La paradoja se vuelve aún más evidente en el caso de Valenzuela. Desde que retomó formalmente sus funciones como senador provincial, hace ya cuatro meses, no presentó un solo proyecto de ley. Su participación institucional se limita, además, al rol de cuarto vocal en la Comisión de Salud Pública.
En cambio, gran parte de su actividad pública parece concentrarse en otro objetivo: no perder influencia en el municipio que le permitió construir su carrera política. Más preocupado por conservar territorio que por legislar para los bonaerenses.
El último fin de semana se lo vio en la cancha de Estudiantes de Buenos Aires junto a jugadores de fútbol 11 del CEDEM alentando al «Matador». También continúa recorriendo distintos municipios de la provincia, en una dinámica que se asemeja más a una campaña anticipada para 2027 que al trabajo legislativo cotidiano.
Resulta llamativo. Sobre todo porque en sus redes sociales suele opinar a diario sobre la economía nacional, la Provincia de Buenos Aires y los principales debates políticos del país. Sin embargo, esa hiperactividad discursiva no encuentra correlato en la producción legislativa.
La pregunta entonces es inevitable: ¿para qué fue elegido senador? Porque si el objetivo principal sigue siendo controlar el municipio que dejó atrás o posicionarse para futuras candidaturas, los bonaerenses tienen derecho a preguntarse quién está ocupándose de la tarea para la que fue votado.
Quizás la niebla ayude a disimular algunas cosas por un tiempo. Pero tarde o temprano se despeja. Y cuando eso sucede, los resultados quedan a la vista.
Las opiniones y análisis expresados en este artículo pueden no coincidir con las de la redacción de UDR Noticias. Intentamos fomentar el intercambio de posturas, reflejando la realidad desde distintos ángulos, con la confianza de aportar así al debate popular y académico de ideas. Las mismas deben ser tomadas siempre con sentido crítico
Credito Claudio Gambale














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