Niño crucificado, estaqueado y clavado con mil puñales por una sociedad loba, famélica, que se alimentó de sus vísceras en estos dos días de muerto. Y lo culpó de todas sus desgracias al niño de doce años con cara de niño que no llegó a vivir más que doce años y miles festejaron en la fiesta de las redes su muerte infame. Pero no preguntó qué pasó hasta sus doce años de niño crucificado.

Por Silvana Melo
Un chico, un niño, con ojos de niño, sonrisa de niño, cara de niño, doce años de niño. Atravesado adentro de un auto por una balacera. Atravesado adentro de un auto mientras los ocupantes del auto escapaban de la policía. Atravesado adentro de un auto mientras las balas se cruzaban en el aire y a él le tocó morirse, matarse, desvivirse, extinguirse como una llama que no llegó a fuego.
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Un niño con doce años de niño crucificado –muerto y todo- estaqueado y clavado con mil puñales por una sociedad loba, famélica, que se alimentó de sus vísceras en estos dos días de muerto. Y lo culpó de todas sus desgracias al niño de doce años delincuente, rata, plaga, horrible monstruo con cara de niño que no llegó a vivir más que doce años y miles festejaron en la fiesta de las redes su muerte infame.
Y qué pasó hasta los doce años del niño crucificado.
Qué pasó hasta las fotos en motos y con armas en las manos que los medios se deleitan en publicar. Que los medios disfrutan cuando habilitan los comentarios de las fieras debajo.

Qué pasó que el niño de doce años no pudo vivir más. El niño que vivía cerca de Puerta Ocho, en Tres de Febrero. Donde lo mataron. Allí donde en 2022 la banda narco de Mameluco Villalba vendió cocaína adulterada con carfentanilo. Y murió gente desesperadamente. Sin saber por qué.
Qué pasó desde que nació, desde que mamó de una teta que lo quiso, tal vez. Desde que jugó el primer picadito e intentó pasar más allá pero no pudo. Ni la salita que lo habrá atendido tantas veces ni la escuela que lo vio y no lo vio, que lo quiso enamorar y lo desenamoró, ni los estamentos estatales que se ocupan de los niños en peligro lo vieron. El estado no lo vio. No lo miró. No lo rescató. Y sólo estuvo presente cuando disparó y por casualidad lo acribilló. Y encontró su cuerpito de niño de doce años en un auto del que todos habían huido. Y lo habían dejado ahí. Solo. Como se queda la gente cuando se muere. Hasta un niño de doce años cuando se muere.
Un niño de doce años. Que no debería morirse nunca.
Aunque la gente festeje su crucifixión.
Las opiniones y análisis expresados en este artículo pueden no coincidir con las de la redacción de UDR Noticias. Intentamos fomentar el intercambio de posturas, reflejando la realidad desde distintos ángulos, con la confianza de aportar así al debate popular y académico de ideas. Las mismas deben ser tomadas siempre con sentido crítico



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