El mundo el fútbol nunca fue solo un deporte y en Argentina menos. En el campo de juego se disputa poder y se tranzan cifras que no podemos imaginar. En las tribunas se pone el juego el sentido común. El fútbol trasmite humores sociales, expresa broncas, genera incertidumbres. Su influencia social lo ha convertido en un megatrampolín político. Por eso, cada vez que el tablero del fútbol se sacude, no hablamos únicamente de penales dudosos o campeonatos polémicos, hablamos de disputa social, de intereses enfrentados. Por ANRed.

Durante las últimas semanas, las redes sociales estallaron en críticas contra Claudio “Chiqui” Tapia y la conducción de la AFA. Los cuestionamientos se repiten: “papelones”, “fraudes”, “beneficios inexplicables”. Equipos que hace pocos años jugaban en la B Metropolitana o en la Primera C hoy clasifican a torneos internacionales, pelean arriba y acumulan fallos arbitrales insólitos. Pero quienes conocen la historia saben que la burocracia de la AFA —como tantas burocracias argentinas— siempre manejó el poder a su manera. Fue así en la era Grondona y lo es hoy con Tapia. Escándalos de ascensos, descensos, clasificaciones express y premios polémicos: nada de esto es nuevo.
Lo novedoso es el contexto político. Con la ola privatizadora impulsada por el gobierno nacional, no sorprende que el fútbol —uno de los últimos bastiones masivos donde la sociedad encuentra refugio y pertenencia— se convierta en objetivo. Tapia, incluso con un Mundial ganado bajo su gestión, es visto como un obstáculo difícil de remover. Y es precisamente allí donde los “errores”, “robos” y “escándalos” empiezan a ser funcionales para algo más grande: preparar el terreno para la privatización de los clubes.

De pronto emergen voces que antes estaban ausentes: “hay que dejar entrar inversiones privadas”, “por qué los socios deben decidir”, “las empresas podrían modernizar el fútbol argentino”. El discurso del derrame reaparece reciclado en clave futbolera. La ofensiva coincide con la avanzada del extractivismo económico y social: del saqueo de recursos naturales habilitado por la Ley de Bases y los acuerdos con Estados Unidos, a la captura del fútbol como negocio codiciado por grandes capitales.
¿Que Tapia es un ladrón? Que duda cabe. Hoy, más que una discusión deportiva, lo que está en marcha es una operación política y mediática. Una campaña que busca erosionar a la AFA y a su actual conducción para habilitar la puerta de entrada a las Sociedades Anónimas Deportivas. En ese juego de intereses, la AFA —con todas sus sombras históricas— pasa a ser representada como el problema, mientras que los mismos grupos que promovieron privatizaciones fallidas en otros sectores del país aparecen como los “salvadores”. La disputa no es por los fallos arbitrales. Es por el control del negocio más popular de la Argentina.
Las opiniones y análisis expresados en este artículo pueden no coincidir con las de la redacción de UDR Noticias. Intentamos fomentar el intercambio de posturas, reflejando la realidad desde distintos ángulos, con la confianza de aportar así al debate popular y académico de ideas. Las mismas deben ser tomadas siempre con sentido crítico



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