Nada nuevo bajo el sol cuando los anuncios comienzan a repetirse una y otra vez. En política existe una estrategia conocida: instalar un mensaje a fuerza de reiteración. Cambian las imágenes, cambia la música, cambian algunas palabras, pero el contenido sigue siendo el mismo. La intención es que el anuncio termine ocupando el lugar de la realidad.
Eso parece ocurrir con el denominado «Nuevo Caseros», proyecto que la Municipalidad de Tres de Febrero volvió a promocionar con un nuevo video bajo el lema: «¡Vamos por el Nuevo Caseros! Además del nuevo puente peatonal, vamos a renovar por completo la Plaza de la Unidad Nacional y el entorno municipal, pero siempre cuidando aquello tan importante para nuestra identidad como el escenario y el playón.»
El problema no es que el Municipio comunique una obra. El problema aparece cuando la comunicación parece avanzar mucho más rápido que la propia ejecución. Cada nuevo video vuelve sobre las mismas promesas, con diferentes recursos audiovisuales, pero sin aportar demasiadas novedades respecto de lo ya anunciado hace meses.
La repetición tiene un efecto conocido. Muchos vecinos y vecinas terminan incorporando el mensaje simplemente porque lo escuchan una y otra vez. Pocas veces se detienen a investigar el proyecto completo, conocer sus plazos, su presupuesto, el estado de avance de las obras o cuáles serán los verdaderos cambios que implicará para la ciudad. La publicidad termina ocupando el espacio que debería tener la información pública.
Mientras tanto, Caseros continúa esperando que las imágenes de los renders se conviertan en hechos concretos. Porque gobernar no consiste solamente en anunciar; también implica ejecutar, rendir cuentas y mostrar resultados palpables.
Es válido preguntarse entonces cuánto tiempo más continuará esta campaña de comunicación alrededor del «Nuevo Caseros». ¿Hasta cuándo veremos nuevos videos diciendo prácticamente lo mismo? ¿En qué momento el relato dará paso a las obras terminadas?
Los anuncios son necesarios, pero cuando se transforman en una sucesión interminable de promesas repetidas corren el riesgo de perder credibilidad. La gestión pública se mide por las transformaciones reales que mejoran la vida cotidiana de los vecinos, no por la cantidad de veces que una obra aparece en las redes sociales.
Quizás la pregunta ya no sea qué es el «Nuevo Caseros», sino cuánto durará el eterno anuncio.
Por Claudio Gambale
Las opiniones y análisis expresados en este artículo pueden no coincidir con las de la redacción de UDR Noticias. Intentamos fomentar el intercambio de posturas, reflejando la realidad desde distintos ángulos, con la confianza de aportar así al debate popular y académico de ideas. Las mismas deben ser tomadas siempre con sentido crítico














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