¿No solo tenemos que tolerar los abusos diarios sino que a través de la ley se pretende establecer el análisis sobre nuestra conducta en el momento en el que somos víctimas de una violación?; ¡qué cansancio!

Por Paula Scorza
Sos adolescente, vas caminando tranquila a la salida del colegio. De repente, un hombre pasa al lado tuyo y te muestra el pene. Shock. Miedo. Salís corriendo. Pasa el tiempo, vas en el colectivo sentada en el pasillo. Un hombre se para junto a vos y te apoya sin disimulo la entrepierna en el hombro. Quieta, no podés hacer nada, apenas correrte e intentar que no te toque. Antes, cuando aún eras chica, otro te tocó la cola cuando subías al ómnibus a la salida del club. Claro, tenías calzas. Te lo buscaste. Te moriste de asco, ¿pero qué podías hacer?

Otro día vas a trabajar. Es temprano, aún no amaneció. Caminás con miedo, como siempre, hasta que, una vez más, sucede. Un hombre se masturba y te mira desafiante desde su impunidad y tu terror. ¿Te suena? Seguro que sí. Sos mujer, tenés que soportar todo esto una y otra vez desde que sos una niña. Y esto no es nada. Esto es solo una pequeña sumatoria de cosas que pasan todos los días. Ni siquiera entramos en los horrores que viven niñas y mujeres dentro de sus propias casas, sus supuestos lugares de refugio. Ni las que mueren de las maneras más espantosas en manos de sus parejas. A las que sus propios maridos les matan los hijos solo para hacerlas sufrir hasta límites insoportables. Y después preguntan por qué marchamos.



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