El aire de los tiempos favorece y potencia el ascenso de las ultraderechas y con ellas la idea de que estarían en juego transformaciones profundas a escala mundial. Con el regreso de Donald Trump el capitalismo neoliberal ingresa en su fase más reaccionaria y abre una nueva etapa de impacto global. Caracterizarlo como un bufón prepotente, y tantas otras cosas que se han dicho, es quedarse en la superficie, no alcanzar a ver lo que representan Trump y la fracción capitalista que lo ha promovido y en la cual se apoyará en su nuevo mandato. Más allá de la disputa comercial EEUU/China lo que estaría en discusión es un acuerdo estratégico entre las dos grandes potencias que son interdependientes en el marco de las nuevas tecnologías. La digitalización total de la economía producto de la implementación masiva de la IA (fracción más dinámica del capital) impone cambios estructurales en todos los niveles. La suma de todos estos factores dan pistas para pensar que lo acaecido el lunes 20 es el inicio de un cambio epocal. Por Eduardo Lucita.

Donald Trump se ha convertido a partir de este lunes 20 en el 47° presidente de los EEUU, el mandatario de más edad en asumir ese cargo y el primero que vuelve al poder luego de haber sido derrotado, de haber enfrentado cargos penales, condenado por algunos, y de sufrir un atentado contra su vida.
“La edad de oro de los EEUU comienza ahora” dijo en su discurso inaugural en el Capitolio y agregó “Nuestra soberanía será recuperada. Nuestra seguridad restaurada. La balanza de la justicia será reequilibrada. Y nuestra principal prioridad será crear una nación orgullosa, próspera y libre”. Más tarde firmaría una serie de órdenes ejecutivas con las que quiere mostrar un giro drástico respecto de las políticas del gobierno anterior.
Caracterizarlo como un bufón prepotente, y tantas otras cosas que se han dicho, es quedarse en la superficie, no alcanzar a ver lo que representan Trump y la fracción capitalista que lo ha promovido y en la cual se apoyará en su nuevo mandato.
A diferencia de su primer mandato en que se apoyó en los trabajadores blancos desocupados del cinturón oxidado -esta tarea quedó esta vez a cargo del vicepresidente Cyrus Vance- ahora lo hace en la fracción capitalista más dinámica de este tiempo, la IA. De hecho los multimillonarios del sector estuvieron en primera fila en el acto de la toma de posesión del mando.
Este mismo martes 21 anunció una inversión de 500.000 millones de dólares destinada a construir en el sector privado una infraestructura de IA en el país. Según las definiciones sería “el comienzo de una nueva era en la IA” y un puntal en la competencia con China.
¿Hacia un liderazgo autoritario?
Fue elegido con menos votos que la vez anterior pero surge con mayor poder político que entonces. Tendrá el control de los poderes ejecutivo y legislativo. Podrá nombrar jueces federales y cuenta ya con una Corte Suprema que le es favorable. Por si fuera poco ganó también el voto popular y controla el Partido Republicano. La contrapartida es que la oposición demócrata ha quedado en una crisis profunda, tanto de identidad como de liderazgo y sin proyecto (cualquier similitud con la situación del peronismo en Argentina es simple coincidencia).
Como lo demostró con las primeras órdenes ejecutivas firmadas no bien terminó el acto de asunción (cierre de la frontera con México, retiro de EEUU del Acuerdo de París y de la OMS, indulto a cientos de personas involucradas en el intento de asaltar el Capitolio en enero de 2021…) está en condiciones de avanzar contra el progresismo (agenda Wok) y contra el régimen de la democracia liberal. Derogar leyes que regulan derechos de las mujeres, de la comunidad LGTBIQ, de protección ambiental, de endurecer las de inmigración, de favorecer la portación de armas y la mano dura policial… Las milicias supremacistas que forman parte del trumpismo tendrán vía libre para desarrollarse. En el horizonte cercano está la posibilidad de un liderazgo autoritario con tintes facistoides. Neofascismo democrático como se dice ahora.

Proteccionismo y geopolítica
Si logra hacer efectiva buena parte de sus propuestas económico comerciales, que tienen un fuerte sesgo geopolítico, estará abriendo las posibilidades para una nueva época a escala mundial.
Make America Great Again (MAGA) (Hagamos Grande EEUU Nuevamente) es el eje central de su propuesta ya que parte de la evidencia del debilitamiento geopolítico de EEUU, en contradicción con su poderío económico-militar, lo que se agudizó bajo los cuatro años de la administración Biden a partir de la estrepitosa salida de Afganistán, que además habría dejado un vacío político interno. Por lo tanto su punto de partida es América First (EEUU Primero).
Un primer paso es la vuelta al proteccionismo implantando una tarifa universal de entre el 10 y el 20% sobre todos los productos importados y un arancel de hasta el 60% para los provenientes de China.
Un capítulo aparte merece la relación comercial con Europa particularmente con Alemania, con quién tiene un fuerte déficit comercial. Ha planteado que en los próximos dos años deben comprarle petróleo y gas para reducir ese déficit, de lo contrario subirá al 25% los aranceles a la importación de autos, con lo que hundiría aun más la economía alemana, que ya ha entrado en su segundo año en recesión, con una crisis política que ha roto a la coalición gobernante.
Todo iría acompañado de una rebaja de impuestos a las corporaciones y a las grandes fortunas, junto con un conjunto de incentivos fiscales, buscando relocalizar empresas e incentivar las inversiones, especialmente en infraestructura (algo en lo que no le fue bien en su primer mandato). Al declarar la emergencia energética y derogar normas ambientales daría luz verde para ampliar la explotación de recursos fósiles (petróleo, carbón). Así bajaría el precio de la gasolina y su peso en el costo de vida, e impulsaría una mayor cosecha de soja. Aumentaría la oferta en los mercados mundiales y su contrapartida, la baja de precios de los conmodities.
Tanto el vicepresidente como el nuevo secretario de Comercio participan de la idea de que el comercio internacional tiene que servir a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y son contrarios al libre comercio. Conviene recordar que en su primer mandato Trump cuestionó permanentemente a la OMC y ha sido contrario a la globalización y al libre comercio. Entre otras cosas porque en ese terreno pierde con China.
Hay que decir que recibe una economía en crecimiento (2.5-3% anual) con baja tasa de desempleo (4-4.5%), salarios mejorados, pero todavía debajo de los índices de productividad alcanzados en las últimas décadas, y una inflación en baja, pero con precios todavía altos. Las nuevas medidas potenciarían esta situación y tendrían fuerte impacto geopolítico.
Paz y expansionismo
Su segundo mandato dio inicio con una buena noticia. El alto el fuego en la invasión de Gaza y un acuerdo de tregua, que Trump se lo adjudica, habría impuesto que se firmara y comenzara a ejecutarse antes de su asunción, algo que efectivamente sucedió el domingo 19. Si se cumple tal como fue firmado, el acuerdo favorece ampliamente al pueblo palestino (tal vez una buena en medio de tanta muerte y desolación). Claro que es un acuerdo “temporario” y que depende mucho de la fragilidad que imponen las tensiones internas en el gobierno israelí.
¿Cómo puede impactar esto en la guerra ruso-ucraniana, cuando Trump prometió la paz en 24hs? Es lo que ahora está en discusión. Al mismo tiempo dio rienda suelta a su vocación imperial: prometió recuperar el Canal de Panamá, comprar Groenlandia, y cambiar la denominación del Golfo de México a Golfo de América.
Poder político y nueva era
Los acontecimientos del lunes pasado marcan el cambio de poder político en la Casa Blanca. El futuro de la globalización y el multilateralismo constituye hoy un gran interrogante. Más allá de la disputa comercial EEUU/China lo que estaría en discusión es un acuerdo estratégico entre las dos grandes potencias que son interdependientes en el marco de las nuevas tecnologías. La digitalización total de la economía producto de la implementación masiva de la IA (fracción más dinámica del capital) impone cambios estructurales en todos los niveles. La suma de todos estos factores dan pistas para pensar que lo acaecido el lunes 20 es el inicio de un cambio epocal. Todo esto tendrá repercusión en la Argentina de Milei.
Claro que una cosa son los objetivos presidenciales y otra los límites que pueda imponerle la cruda realidad.



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