Mientras Milei miente descaradamente y asegura que en dos años “creó 400.000 empleos” y que hay récord de consumo, la vida del trabajador es cada día más difícil. Viajar, una necesidad básica para millones, se transformó en un verdadero calvario cotidiano.
Luego de que las empresas de colectivos redujeran un 40% la circulación, ahora el Gobierno decidió recortar un 33% las frecuencias de los trenes. El resultado es previsible: más demoras, formaciones saturadas y un sistema que ya no da respuesta a la demanda.
El desastre es doble. Por un lado, las tarifas del transporte no dejan de subir mes a mes; por otro, los salarios siguen congelados. Se paga cada vez más para viajar cada vez peor.
Un dirigente gremial ferroviario lo resumió con crudeza: “No se compran repuestos. No entra un peso para hacer el mantenimiento mínimo. Desde que asumió este Gobierno, se redujo en un 33% la cantidad de trenes. Cada vez se viaja peor. Tiene que ver con la política de la motosierra”.
Y agregó: “El usuario viaja peor porque lo que se necesita son más trenes, no menos. Con la cantidad de gente que trasladamos, no damos abasto”.
La voz de los usuarios confirma el deterioro. Un joven trabajador, abrigado por el frío otoñal, describió su rutina tras llegar a Capital Federal desde el conurbano: “Ahora me tengo que tomar el 39. El tema de los trenes viene bastante mal últimamente”. Una frase simple que refleja una realidad cada vez más extendida.
Menos trenes, menos colectivos y tarifas impagables: el ajuste no pasa por los números, pasa por el cuerpo de millones que viajan hacinados todos los días. Mientras el Gobierno celebra estadísticas dudosas, en la calle crece una certeza incómoda: el “cambio” prometido terminó convirtiendo el viaje al trabajo en una pesadilla diaria.



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