En las inmediaciones de la calle Combate de Pavón, que marca la división entre los municipios de Morón y Tres de Febrero, en la provincia de Buenos Aires, el caos ha tomado las riendas del territorio. La oscuridad que domina las noches sobre la avenida Bernabé Márquez (Ruta Provincial 4), entre el puente de la Estación Pablo Podestá del Ferrocarril Urquiza y la Ruta 201, se ha convertido en un reflejo de la total descomposición que atraviesa la zona.

En un tramo de apenas 1,3 km, lo que debería ser una arteria principal de conexión entre localidades se ha transformado en un vertedero de desechos consolidado que llegó para quedarse, vehículos robados y, lo más alarmante, autos incendiados.
Este lugar, en apariencia olvidado, es la manifestación palpable de una crisis gestionada con total indiferencia por parte de las autoridades locales y provinciales. La total ausencia del Estado es el caldo de cultivo de este desorden: basurales a cielo abierto, autos robados, restos de residuos industriales y una creciente inseguridad que, lejos de ser solucionada, se intensifica día a día. La incompetencia y la pasividad gubernamental son tan evidentes como el peligro latente que afrontan los vecinos y transeúntes.
Un paisaje de desolación
Cuando las rutas se convierten en basurales improvisados, el impacto visual es devastador. Montañas de basura, vehículos carbonizados y restos de materiales de construcción deterioran la imagen del lugar y degradan el entorno natural y urbano. La presencia de estos residuos, sumada a la falta de limpieza constante, genera un ambiente de abandono que afecta la calidad de vida de quienes residen o transitan por la zona. No se trata solo de un problema estético, sino de un desafío ambiental grave, que refleja la desidia y el desinterés absoluto por parte de las autoridades.
Los microbasurales, que en muchos casos invaden parte de la ruta, alteran por completo la circulación vehicular. Los conductores se ven obligados a maniobrar entre montículos de basura, lo que incrementa el riesgo de accidentes. Y no solo eso: los vehículos robados que se dejan abandonados, especialmente aquellos que son incendiados, representan un grave peligro para la seguridad vial. Las llamas y el humo dificultan la visibilidad y la situación empeora por la falta de iluminación adecuada y de patrullajes que eviten estos ilícitos. De esta manera, la zona se convierte en un espacio altamente peligroso, transformándose en un refugio de la criminalidad.

Dentro de los dos círculos rojos, se observa la zona de microbasurales sobre la avenida Bernabé Márquez, entre la Av. Tte. Gral. Julio A. Roca (RP201) y el puente de la estación Pablo Podestá del Ferrocarril Urquiza, en los municipios de Morón y Tres de Febrero. La calle Combate de Pavón divide ambos partidos aproximadamente a mitad de camino.
Cuesta entender por qué, pese a la gravedad del problema, no se instalan cámaras de seguridad para monitorear la zona. No haría falta una gran inversión para disuadir a los camiones que arrojan basura o a los delincuentes que usan el lugar como refugio. Pero la desidia puede más: ni el municipio ni la provincia parecen dispuestos a asumir un compromiso real con el control y la prevención.
La farsa del “arreglo a medias”: Un borrón y cuenta nueva improductivo
Aunque, en varias ocasiones, se observan máquinas viales y camiones retirando los residuos ilegales y desmalezando la zona, estos esfuerzos son efímeros. El área se limpia momentáneamente, pero los basurales reaparecen rápidamente, ya que no existe una estrategia sólida para erradicar el microbasural ni un sistema de control permanente. Lo que inicialmente parece ser una solución temporal, se convierte en una farsa: el espacio se limpia solo para volver a sucumbir al desorden, sin un plan efectivo que detenga la proliferación de la basura y el caos.
Lo más desconcertante es que este caos se encuentra a escasos metros de instalaciones de alta jerarquía, como el Colegio Militar de la Nación, un lugar donde se forman los oficiales que luego serán responsables de la seguridad del país. Es difícil imaginar que en las cercanías de uno de los bastiones más importantes de la defensa nacional, la zona circundante se haya convertido en un basurero a cielo abierto. Mientras los cadetes reciben formación en defensa y seguridad, la realidad externa es la de un desorden absoluto, sin control y sin nadie que se haga cargo.
El abandono en zonas limítrofes: Un vacío de responsabilidad
Uno de los aspectos más preocupantes en este escenario es el abandono de las zonas limítrofes entre los municipios de Morón y Tres de Febrero. Estas áreas, al estar en los bordes de las jurisdicciones, suelen caer en un vacío de responsabilidad, ya que cada municipio se lava las manos y se atribuye la culpa al otro. Este vacío administrativo provoca que los problemas de la zona queden sin resolución, generando un efecto acumulativo de desorganización y desinterés.
La falta de coordinación y los efectos en la comunidad
La falta de coordinación entre las autoridades de Morón y Tres de Febrero no solo es una falla administrativa, sino que afecta directamente la vida de los vecinos. La confusión sobre quién tiene la responsabilidad de intervenir en estos lugares crea una sensación de desamparo entre los residentes. Este territorio de nadie, como se lo podría llamar, es un terreno fértil para la acumulación de basura, la proliferación de la inseguridad y el deterioro ambiental. Las autoridades municipales se niegan a asumir su responsabilidad y el resultado es una zona abandonada, donde los ciudadanos deben convivir con la violencia, la mugre y la inseguridad.
Este vacío de poder tiene efectos muy concretos: los problemas de inseguridad se acrecientan, los basurales se multiplican y la calidad de vida de los habitantes de estos barrios se deteriora rápidamente. Esta desidia territorial genera desigualdad: mientras que otros sectores de los municipios reciben atención y recursos, las zonas limítrofes quedan olvidadas, creando una brecha aún más grande entre los ciudadanos.

La urgente necesidad de una respuesta coordinada
Lo que la zona necesita urgentemente es una solución integral y coordinada entre ambos municipios y las autoridades provinciales. La gestión debe ser compartida, en lugar de cada partido político y gobierno local tomar decisiones aisladas y sin coordinar esfuerzos. Esta es la única manera de garantizar que las zonas limítrofes no queden abandonadas y que todos los ciudadanos reciban los mismos servicios y atención, sin importar en qué parte del territorio se encuentren.
Un llamado a la acción inmediata
La situación en la avenida Bernabé Márquez, que abarca los límites de Morón y Tres de Febrero, y la zona comprendida por la calle Combate de Pavón, exige una intervención urgente y eficaz. El abandono, la acumulación de basura, la presencia de autos robados y la inseguridad, son una muestra más de la incapacidad del Estado en brindar respuestas a las necesidades más básicas de la comunidad.
El desinterés de las autoridades municipales y provinciales ha dejado a los vecinos de la zona completamente desamparados. Ya no se trata solo de una cuestión estética o de orden, sino de una crisis que afecta directamente la calidad de vida de miles de personas. Los ciudadanos merecen vivir en un entorno limpio, seguro y ordenado, y es hora de que las autoridades asuman su responsabilidad de una vez por todas. El tiempo de la indiferencia ya ha pasado: es necesario actuar ahora.
Los microbasurales, que en muchos casos invaden parte de la ruta, alteran por completo la circulación vehicular. Los conductores se ven obligados a maniobrar entre montículos de basura, lo que incrementa el riesgo de accidentes. Y no solo eso: los vehículos robados que se dejan abandonados, especialmente aquellos que son incendiados, representan un grave peligro para la seguridad vial. Las llamas y el humo dificultan la visibilidad y la situación empeora por la falta de iluminación adecuada y de patrullajes que eviten estos ilícitos. De esta manera, la zona se convierte en un espacio altamente peligroso, transformándose en un refugio de la criminalidad.

Cuesta entender por qué, pese a la gravedad del problema, no se instalan cámaras de seguridad para monitorear la zona. No haría falta una gran inversión para disuadir a los camiones que arrojan basura o a los delincuentes que usan el lugar como refugio. Pero la desidia puede más: ni el municipio ni la provincia parecen dispuestos a asumir un compromiso real con el control y la prevención.
La farsa del “arreglo a medias”: Un borrón y cuenta nueva improductivo
Aunque, en varias ocasiones, se observan máquinas viales y camiones retirando los residuos ilegales y desmalezando la zona, estos esfuerzos son efímeros. El área se limpia momentáneamente, pero los basurales reaparecen rápidamente, ya que no existe una estrategia sólida para erradicar el microbasural ni un sistema de control permanente. Lo que inicialmente parece ser una solución temporal, se convierte en una farsa: el espacio se limpia solo para volver a sucumbir al desorden, sin un plan efectivo que detenga la proliferación de la basura y el caos.
Lo más desconcertante es que este caos se encuentra a escasos metros de instalaciones de alta jerarquía, como el Colegio Militar de la Nación, un lugar donde se forman los oficiales que luego serán responsables de la seguridad del país. Es difícil imaginar que en las cercanías de uno de los bastiones más importantes de la defensa nacional, la zona circundante se haya convertido en un basurero a cielo abierto. Mientras los cadetes reciben formación en defensa y seguridad, la realidad externa es la de un desorden absoluto, sin control y sin nadie que se haga cargo.
El abandono en zonas limítrofes: Un vacío de responsabilidad
Uno de los aspectos más preocupantes en este escenario es el abandono de las zonas limítrofes entre los municipios de Morón y Tres de Febrero. Estas áreas, al estar en los bordes de las jurisdicciones, suelen caer en un vacío de responsabilidad, ya que cada municipio se lava las manos y se atribuye la culpa al otro. Este vacío administrativo provoca que los problemas de la zona queden sin resolución, generando un efecto acumulativo de desorganización y desinterés.
La falta de coordinación y los efectos en la comunidad
La falta de coordinación entre las autoridades de Morón y Tres de Febrero no solo es una falla administrativa, sino que afecta directamente la vida de los vecinos. La confusión sobre quién tiene la responsabilidad de intervenir en estos lugares crea una sensación de desamparo entre los residentes. Este territorio de nadie, como se lo podría llamar, es un terreno fértil para la acumulación de basura, la proliferación de la inseguridad y el deterioro ambiental. Las autoridades municipales se niegan a asumir su responsabilidad y el resultado es una zona abandonada, donde los ciudadanos deben convivir con la violencia, la mugre y la inseguridad.
Este vacío de poder tiene efectos muy concretos: los problemas de inseguridad se acrecientan, los basurales se multiplican y la calidad de vida de los habitantes de estos barrios se deteriora rápidamente. Esta desidia territorial genera desigualdad: mientras que otros sectores de los municipios reciben atención y recursos, las zonas limítrofes quedan olvidadas, creando una brecha aún más grande entre los ciudadanos.
La urgente necesidad de una respuesta coordinada
Lo que la zona necesita urgentemente es una solución integral y coordinada entre ambos municipios y las autoridades provinciales. La gestión debe ser compartida, en lugar de cada partido político y gobierno local tomar decisiones aisladas y sin coordinar esfuerzos. Esta es la única manera de garantizar que las zonas limítrofes no queden abandonadas y que todos los ciudadanos reciban los mismos servicios y atención, sin importar en qué parte del territorio se encuentren.
Un llamado a la acción inmediata
La situación en la avenida Bernabé Márquez, que abarca los límites de Morón y Tres de Febrero, y la zona comprendida por la calle Combate de Pavón, exige una intervención urgente y eficaz. El abandono, la acumulación de basura, la presencia de autos robados y la inseguridad, son una muestra más de la incapacidad del Estado en brindar respuestas a las necesidades más básicas de la comunidad.
El desinterés de las autoridades municipales y provinciales ha dejado a los vecinos de la zona completamente desamparados. Ya no se trata solo de una cuestión estética o de orden, sino de una crisis que afecta directamente la calidad de vida de miles de personas. Los ciudadanos merecen vivir en un entorno limpio, seguro y ordenado, y es hora de que las autoridades asuman su responsabilidad de una vez por todas. El tiempo de la indiferencia ya ha pasado: es necesario actuar ahora.
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