Cuando se deploran los efectos, pero se ignoran las causas, la cultura represora ríe. Ríe y se burla. Milei, Trump, toda la escoria, es efecto, no causa, dice Alfredo Grande. Y agrega que lo único que enfrenta a la Impunidad de Estado es la justicia por mano propia que no es individual. Es colectiva.
Hace pocos días, volví a ver El secreto de sus ojos. La reseña encontrada en Wikipedia no reemplaza mirarla. A mi criterio, tiene varias claves que conviene resaltar.

Una clave para mí es que la lucha contra la impunidad es un imperativo ético. Cuando el que las hace no las paga, estamos en presencia de la Impunidad de Estado. El poder legitimado por la alquimia del sufragio es una especie de “licencia para gobernar y matar”. Hoy queda claro que es lo mismo.
Lo único que enfrenta a la Impunidad de Estado es la justicia por mano propia. La mano propia no es individual, sino colectiva. Lamentablemente, la cultura represora utiliza el concepto de “justicia por mano propia” para justificar el asesinato del desesperado. El estado impune, cárcel, bala, para el originario, el pobre (es peligroso ser pobre, amigo, cantaba Quilapayún). A la doctrina Chocobar le opongo Fuenteovejuna de Lope de Vega. El progresismo, y no solamente, confunde la Justicia con el Poder Judicial. La impunidad ríe. La justicia por mano propia se ocupa de lo justo, que es diferente de la Justicia. Lo justo se rige por el llamado principio de equivalencia.
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El algoritmo mafioso de “no hay plata” ha sido tomado incluso por aquellos que lo combaten. Por eso la estafa externa se paga, aunque ya se pagó. Y además no está para ser pagada. Sino para que las venas sigan abiertas, como nos enseñó Galeano. Desoyendo todas las conclusiones de la reunión realizada en Cuba en 1985. No hay plata no es una mentira. Es una falsedad. Que no es lo mismo. Si no hubiera plata, no podría pagar sus lujos con la nuestra. Pero todos los gastos del poder son reservados. Aunque algunos son más reservados que otros.

Las llamadas democracias representativas han sido la continuación de la segunda guerra mundial por otros medios. Recuerdos de Clausewitz. La representación es un artificio que se valida en eso que llamamos voto. Una protesta a esa farsa es votar, pero en blanco. O sea: votar que no voto. En el 2001 escribí: “La democracia restitutiva: del ritual al escrache”. Se publicó en Enfoques Alternativos, que dirigía el gran economista Jorge Beinstein. Intentaba la diferencia entre representación y restitución. Hasta yo lo olvidé. El país del no me acuerdo es democrático y cristiano.

Cuando se deploran los efectos, pero se ignoran las causas, la cultura represora ríe. Ríe y se burla. Milei, Trump, toda la escoria, es efecto, no causa. Pero como la causa es siempre multicausal, da lo mismo un roto que un descosido. La perplejidad de un Pichetto candidato a vice de Macri ya es esfumó. En soledad, para mí es una de las multi causalidades que nos trajeron al Zar actual. Algunos lo llaman Presidente, pero convendría aclarar que no de la República Argentina

La guerra cognitiva debe ser con prisa y sin pausa. La batalla cultural fue tomada por las derechas. Por eso combatimos la reforma laboral, que en realidad es una Restauración Patronal. No cantemos los mismos himnos que nuestros enemigos.
El secreto de mi enojo es haber sido tan gil. Memorable apelación del tango Chorra, del genial Enrique Santos Discépolo. Habría que ampliar esa genial mirada y escribir Chorros, chorras, chorres. Lo haré si logro que se me pase el enojo.
No creo que se me pase.
Por Alfredo Grande
Las opiniones y análisis expresados en este artículo pueden no coincidir con las de la redacción de UDR Noticias. Intentamos fomentar el intercambio de posturas, reflejando la realidad desde distintos ángulos, con la confianza de aportar así al debate popular y académico de ideas. Las mismas deben ser tomadas siempre con sentido crítico



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