A 50 años de los asesinatos del senador frenteamplista y el diputado nacionalista en Buenos Aires, sus familiares recorren una parte de sus trayectorias vitales y políticas
Sobre la Avenida de Mayo de la ciudad de Buenos Aires está el café Tortoni. En algún momento de la historia de ese mítico establecimiento se encontraron más de una vez dos figuras políticas uruguayas: Zelmar Michelini, senador y uno de los fundadores del Frente Amplio (FA), y Héctor Toba Gutiérrez Ruiz, diputado del Partido Nacional (PN) y dos veces presidente de la Cámara de Representantes. En diálogo con la diaria, uno de los diez hijos del senador frenteamplista, también llamado Zelmar y apodado Chicho, recuerda las veces que pasó por esa calle y los vio conversar, seguramente, dice, de política.
Pasaron 53 años desde que ambos legisladores tuvieron que exiliarse en Buenos Aires, tras producirse el golpe de Estado en Uruguay. Y ya pasaron 50 años del asesinato de ambos en el marco de la coordinación represiva del Plan Cóndor, en el que participaron fuerzas militares y de inteligencia tanto argentinas como uruguayas. Pasó medio siglo desde que aparecieron sus cuerpos en un auto junto a los del matrimonio Rosario Barredo y William Whitelaw, así como de la desaparición forzada del médico y militante Manuel Liberoff.
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Michelini y Gutiérrez Ruiz se exiliaron casi al mismo tiempo. El primero lo hizo el 26 de junio, un día antes del golpe, por el pedido del primer candidato presidencial del FA, Liber Seregni, quien le dijo al dirigente Enrique Erro que no volviera a Montevideo porque en el Parlamento iban a pedir su desafuero tras acusarlo de ser tupamaro. El Toba lo hizo una vez que se produjo el golpe.
Michelini tuvo diez hijos junto con Elisa Dellepiane: Elisa, Margarita, Luis Pedro, Isabel, Zelmar, Cecilia, Rafael, Felipe, Graciela y Marcos. Su quinto hijo, Zelmar, cuenta que en el momento del exilio Michelini se fue solo: en 1972, Elisa, la mayor, fue detenida por su militancia en el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, por lo que su madre tuvo que quedarse en Uruguay. En principio, tres de sus hermanas se fueron a Buenos Aires, y en febrero de 1974, un Zelmar de unos 18 años se fue a vivir con su padre a una habitación del hotel Liberty, donde fue secuestrado.
Gutiérrez Ruiz, diez años menor que Michelini, se instaló en la capital argentina junto con su familia, su esposa Matilde Rodríguez Larreta y sus cinco hijos: Juan Pablo, Facundo, Magdalena, Marcos y Mateo.
Mientras que Zelmar ya era mayor de edad cuando asesinaron a su padre, el caso de Mateo es distinto: siendo el menor de sus hermanos, tenía seis años cuando secuestraron al Toba en el apartamento en el que vivían, en la calle Posadas. Dice que tiene recuerdos puntuales de su padre y otros que son construidos a través de los cuentos de su madre y sus hermanos.
El Toba afeitándose en el baño, la colonia suave y fresca que usaba y las historietas de Patoruzito e Isidorito que le traía son algunas de las cosas que a Mateo le quedaron grabadas en la memoria sobre su padre. Por sus hermanos y su madre pudo saber que su padre era un tipo bonachón, buena onda, cuya marca registrada era el humor y que siempre tenía una actitud optimista.
Zelmar, por su parte, recuerda los momentos junto a su padre en el hotel Liberty, donde la vida no solo transcurría en la habitación de dos ambientes, sino también en el hall del hotel, que, como dice, estaba a su servicio. Allí Michelini recibía a decenas de uruguayos que, por una razón u otra, acudían a él para que los asistiera en diferentes cosas.
Otra de las hijas de Michelini, Graciela, recordó en diálogo con la diaria Radio que su padre era alguien muy alegre y muy presente. Lo recuerda disfrutando de las cosas que sucedían, sobre todo, de los asuntos políticos. “Me acuerdo patente del día que se fugaron los tupas [de la cárcel de Punta Carretas]. Él disfrutó que se fugaran, y el asombro, el relato, me quedó muy grabado”.
Mateo describe su vida y la de sus hermanos en Buenos Aires como si estuvieran de vacaciones: dice que vivían en un buen apartamento, iban a colegio privado y la pasaban bien; no tenían idea de la situación política de su padre porque el Toba “no metía los problemas para dentro de la casa, ni siquiera con Matilde”. Es por eso, que cuando se enteraron de que su padre había muerto, “el shock fue más duro”, porque no esperaban que algo así pudiera suceder.
La actitud optimista del dirigente del PN cambió en los 15 días previos a su asesinato, a raíz de una información que recibió, que lo complicó y dio comienzo a su preocupación. Mateo cree que la intranquilidad de su padre se produjo a partir del secuestro del matrimonio Barredo-Whitelaw, el 13 de mayo. Cuando pasó esto, el Toba se lo comentó a Michelini y ya lo presintieron como un problema.
A partir de ese momento, el Toba sintió que lo seguían. Mateo cuenta que la noche del secuestro alguien llamó a la casa y le confirmó que lo estaban siguiendo, por lo que él ya sabía, pero no dijo nada y se lo guardó, “porque no sabe qué temperatura tiene ni nada”.
Con Michelini pasó algo similar. Zelmar recuerda que hubo mucha angustia cuando secuestraron a Barredo y a Whitelaw, lo que generó que su padre estuviera preocupado. Dice que todas las personas cercanas a su padre le aconsejaban que se fuera de Buenos Aires, pero él no podía hacerlo.
Un año antes, Zelmar había llegado a la habitación del hotel y encontrado a su padre llorando. Le preguntó qué le pasaba, y le respondió que los militares estaban torturando a su hija mayor, Elisa. Antes, cuando Michelini fue a Italia a denunciar lo que estaba sucediendo en la dictadura, los militares lo amenazaron con que si no paraba esas denuncias comenzarían a torturar a su hija, presa desde 1972.
Zelmar recuerda que, entre lágrimas, su padre le repetía que le habían advertido que eso podía suceder, pero no escuchó, y se sentía responsable por esa decisión. Zelmar tiene la convicción de que su padre ya tenía una decisión tomada con respecto a no irse de Argentina. “Un argumento implícito –que él nunca formuló, pero estoy convencido de que lo atosigaba– era: ‘Yo hice correr riesgo, soy responsable de la situación que tenía mi hija, no tengo derecho a, frente al primer peligro, salir corriendo’”.
Denuncias en Italia y Luxemburgo
“Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz fueron mis amigos. Algo más, digamos: mis compañeros en largas jornadas de lucha contra la dictadura. No trazaré de ellos las biografías. Solo diré que fueron dos hombres generosos y honrados que sufrieron persecución y muerte por querer servir a su país”, escribió el periodista Carlos Quijano, fundador del semanario Marcha, el 24 de mayo de 1976, en un artículo publicado en el diario Excelsior de México.Apoyá nuestro periodismo. Suscribite por $245/mes
Uno de los nietos de Gutiérrez Ruiz, Santiago, recalcó en diálogo con la diaria Radio que el asesinato de los legisladores no fue producto de “un impulso descontrolado de la dictadura”, sino que, por el contrario, pretendía dar un mensaje.
“El Toba era el presidente de la Cámara de Representantes, de Tacuarembó, blanco y herrerista. Zelmar era fundador del Frente Amplio, de origen colorado y batllista. Se estaba matando al espectro político casi que en su totalidad, se estaba asesinando simbólicamente a toda la representación institucional partidaria de la democracia, que es lo que sostiene a nuestras instituciones”, expresó.
Santiago afirmó que se estaba asesinando a personas que estaban de acuerdo en que había que recibir a los uruguayos en Buenos Aires, como lo hacían Zelmar y el Toba, en que había que seguir buscando una salida a la dictadura y en que había que seguir viajando para denunciar lo que estaba pasando en Uruguay.
Desde 1968, cuando el gobierno de Jorge Pacheco Areco decretó las Medidas Prontas de Seguridad, la represión se recrudeció y el militante estudiantil Líber Arce fue asesinado, todo el accionar de Michelini hasta su muerte fue denunciar “las políticas antisociales económicas, la política internacional de sumisión a Estados Unidos, la represión ilegal, la tortura, las condiciones de detención, las censuras a la prensa, todas las violaciones de las libertades consagradas por la Constitución, y de los derechos humanos, que llevaban adelante las fuerzas policiales y armadas desde antes del golpe de Estado”, enumera Zelmar.
El acto de denunciar también tuvo un rol protagónico en el exilio, cuando Michelini viajó en 1974 a Italia para contar lo que estaba sucediendo en Uruguay ante el Tribunal Russell sobre crímenes de guerra. En su discurso, en el que empezó diciendo que “Uruguay es un país pequeño, sin grandes riquezas naturales”, Michelini anunció que llegaba a ese tribunal para “denunciar al mundo entero, con dolor y tristeza, pero cumpliendo con el deber ineludible, cuál es la situación de nuestra patria, el arrasamiento de las instituciones, la negación de la ley y los derechos en ella consagrados, la persecución y la muerte desatada, la tortura y el maltrato físico y espiritual como medios normales que tiene el gobierno, los militares, la dictadura”.
En 1975, el Toba es invitado al Parlamento Europeo como presidente de la Cámara de Diputados, junto con el entonces presidente de la cámara chilena depuesta por la dictadura de Augusto Pinochet, a participar en una reunión en Luxemburgo, donde habló sobre la situación que atravesaba el país y denunció las graves violaciones a los derechos humanos.
En el documental realizado por Mateo, D.F. Destino Final, que reconstruye la vida de su padre y también repasa la figura de Michelini y la relación entre ambos, el histórico integrante de Amnistía Internacional Edy Kaufman cuenta que cuando se enteró de que dos parlamentarios uruguayos iban a estar en Luxemburgo –el otro fue Enrique Rodríguez, del Partido Comunista– la organización lo envió a Europa para conocerlos.
Kaufman dice que quería conocer particularmente al Toba, porque en el marco de la campaña contra la tortura que estaban haciendo en Uruguay, se les ocurrió la idea de que podían llevar al Congreso estadounidense a parlamentarios uruguayos para que pudieran hacer un planteo sobre las violaciones de los derechos humanos, y “evidentemente, para ese Congreso, era mucho más importante tener a un miembro del Partido Nacional que del Partido Comunista”.
El legado de Zelmar y el Toba
Entre 1970 y 1971, el Toba fue director del diario nacionalista El Debate. Su hijo recuerda poco de esta etapa; cuenta que cuando estuvo en Argentina escribió un artículo sobre las Fuerzas Armadas en Uruguay, y antes, en Tacuarembó, su departamento de origen, hizo un poco de radio.
En la campaña electoral de 1966, Gutiérrez Ruiz, con su voz potente y especial para la radio, afirmó en una audición para el medio de Tacuarembó: “Sabemos muy bien que estamos en tiempos políticos difíciles y, por lo tanto, no es momento de gastar energías en cuestiones personales, en puntos de vista propios. Lo que importa, antes que nada, es el Uruguay del mañana. Hoy es más necesario que nunca, aquí en Tacuarembó, aventar, tirar muy lejos el odio, el rencor, el resentimiento, la cosilla personal, en la cual está en juego el puntillo de honra de la pequeña vanidad de los hombres”.
Michelini, por su parte, construyó una carrera en la prensa escrita primero como redactor político del diario Acción. En 1960 fundó y dirigió el semanario Hechos. Más adelante ejercería el periodismo en El Diario, La Mañana, Marcha, Respuesta y Opinión, de Buenos Aires.
En una columna para Marcha escrita en 1972, que consignó el semanario Brecha en 2024, Michelini aseveró que “el interesarse y luchar denodadamente por los derechos de los demás es lo que hace fuerte a una sociedad” y que “cuando la autoridad de turno siente que no puede tocarse o herirse el derecho de nadie sin que inmediatamente se levanten las voces de acusación y denuncia y la sociedad entera reacciona, agraviada, exigiendo las reparaciones consiguientes, entonces sí que rigen todas las garantías que el hombre necesita y reclama para convivir libremente”.
En ambas intervenciones en medios hay algo de los ideales y valores políticos que compartían y unían a los dos legisladores asesinados por la dictadura. Mateo describió a su padre como un hombre de campo, popular, como un caudillo del interior, antiimperialista y herrerista.
Pero, por sobre todas las cosas, el hijo del Toba lo destaca como “un dialoguista imponente”. Gutiérrez Ruiz fue elegido dos veces consecutivas presidente de la Cámara de Diputados por unanimidad. El Toba “hablaba con todo el mundo y sabía comunicarse con todos. Era de esos tipos que se manejaban bien en un cóctel diplomático y que iba a Maroñas o al boliche con gente de campo, y se comunicaba igual”.
Con respecto a Michelini, Mateo dice que su padre se encontró con un servidor público y eso hizo que congeniaran y se generara química entre los dos. “Eran muy diferentes. Michelini era diez años más grande, con una carrera diez años mayor. Había sido secretario de Luis Batlle; Michelini venía de allá atrás y el Toba acababa de arrancar”, expresa, y asegura que hubo una influencia en el pensamiento que hizo que se unieran durante el exilio en una amistad política.
Zelmar coincide en que ambos compartían una perspectiva antiimperialista, pero, sobre todo, tenían en común la lucha contra la dictadura y el desprecio por esta, así como la voluntad de ayudar a los uruguayos en Buenos Aires.
En particular sobre su padre, Zelmar destaca que lo que dejó es un legado principista. Como ejemplo, Zelmar recuerda que cuando Michelini estaba en el Partido Colorado, y el entonces presidente Óscar Gestido lo nombró ministro de Industria, puso una sola condición: que no se impongan Medidas Prontas de Seguridad. Cuando esto sucedió, Michelini renunció al cargo.
“El legado es eso, y todo lo que tiene que ver con el estado de Derecho, con las libertades, ya sean individuales, sociales, sindicales, políticas, con la libertad de expresión, de prensa, de reunión. En eso era intransigente, y esa es la constante desde el año 68”, afirma. Al igual que Mateo, Zelmar destaca la capacidad de diálogo de su padre.
En palabras de Mateo, a ambos dirigentes los une “la autenticidad” y “luchar por lo que se quiere”. Según expresa Zelmar, Michelini y Gutiérrez Ruiz “dejan un legado democrático, un legado antidictatorial muy importante”.
Las opiniones y análisis expresados en este artículo pueden no coincidir con las de la redacción de UDR Noticias. Intentamos fomentar el intercambio de posturas, reflejando la realidad desde distintos ángulos, con la confianza de aportar así al debate popular y académico de ideas. Las mismas deben ser tomadas siempre con sentido crítico














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